Las aventuras de la tortuga Rocket

Por: Adda Carolina Marín, Zamir Rubio y Kevin Montilla. 2017.

Curso de Ecología Marina. Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad. Universidad de Panamá.

Érase una vez, una tortuguita canal llamada Rocket; vivía solo en las costas de Panamá.  Sus únicos amigos eran una ardilla llamada Pipa y un viejo conejo al que le decían Tío Conejo.

Un día Rocket se puso triste porque recordó que la última vez que vio a sus padres. Decidió buscarlos. Para esta travesía le contó a Pipa y a tío Conejo para que lo acompañaran a encontrar a su familia. Tío Conejo le dijo que no iría porque estaba viejo y cansado, pero les advirtió que tuvieran mucho cuidado al ir por el bosque ya que estaba lleno de peligros.

Rocket y Pipa se marcharon. En el camino iban haciendo desorden, cantando y contando cuentos. Como típicos panameños salieron tarde y la oscuridad de la noche los agarró. Pipa se sube a un árbol para tener un panorama del bosque, y a lo lejos ve una cueva. Se dirigen hacia allá, y pasan la noche allí.

A la mañana siguiente, se despiertan y cada quien buscó algo para desayunar. Partieron otra vez. Tras horas de camino, muy agotados y acalorados, escuchan música a los lejos, y Rocket le dice a Pipa,

– “¿Vamos?”

– “No sé, dime tú”, dice Pipa.

– “Deberíamos ir, así nos tomamos un descanso y nos relajamos”, responde Rocket.

Pipa asiente, y se dirigen hacia el lugar de donde proviene la música.

Detrás de unas palmeras está la gran fiesta de Tommy, la guacamaya. Estaban varios animales de la costa como John, el cangrejo; Anaïs, la gaviota, y Peter, la anguila, entre otros. Tommy los invitó a pasar. Había algunos elementos y sustancias ilícitas que ellos desconocían. Peter y John les ofrecieron algo de beber, y en vista que estaban algo cansados y sedientos, aceptaron.

Luego de unos minutos empezaron a sentirse algo extraños. A Pipa esta bebida no le hizo daño alguno ya que no bebió mucho, pero Rocket tuvo algunos delirios. En las alucinaciones, Rocket vio a su familia a lo lejos y caminó hacia ellos. Pipa se dio cuenta que su amigo no estaba bien, y vio cómo se estaba acercando a un acantilado, y corrió a rescatarlo. Media hora después, deciden irse de la fiesta.

Caminaron por días, atravesando obstáculos, severas dificultades y cambios climáticos. Rocket empezaba a sentirse algo decepcionado. Temía que su travesía fuera uno de los tantos intentos fallidos en la búsqueda de su familia. Tomaron un leve descanso en un estanque.

Pipa ve a una tortuga canal del otro lado de la laguna; se veía algo despistada. Pipa le hace señas a Rocket de lo que está viendo, y éste se asombra ya que tenía las mismas características que él. Se acercan y Rocket le dice:

– ¡Hola!, soy Rocket y él es mi amigo Pipa. ¿Te pasa algo? Estás algo desesperado.

– ¡Hola!, me asustaron. Soy Franklim. Estoy perdido y no encuentro mi aldea, dijo la tortuga.

– ¿De dónde vienes?, preguntó Pipa.

– Estaba buscando mi pelota la cual perdí jugando, pero sufro de amnesia y no sé cómo regresar a casa, respondió Franklim.

– No te preocupes; te ayudaremos a encontrar tu hogar, dijo Rocket.

Comenzaron a caminar buscando la aldea. Fueron casi dos horas, hasta que a Franklim le vino un flechazo y recordó cuál era el camino.

Al llegar, las pocas tortugas que se encontraban en cautiverio saludan a Franklim, y de entre medio de unos arbustos apareció el gran jefe de la aldea, Rokucho.

– ¿Quiénes son esos forasteros Franklim?, pregunta el jefe.

– Ellos me encontraron en el estanque cuando estaba perdido, porque perdí la memoria. Me ayudaron a encontrar la aldea, jefe. Dijo el pequeño.

– Ok, gracias chicos. Pueden pasar a cenar. Adela, acomódale una esquina a estos niños; pasarán la noche aquí; ya es muy tarde para que estén solos en la oscuridad del bosque, responde el jefe Rokucho.

Mientras tanto, Rocket queda anonadado al ver que el jefe tiene la misma forma de una mancha amarillenta que él también posee, del lado derecho del caparazón.

Rocket le cuenta al jefe su historia de que había perdido a sus padres hacía muchos años, a lo que el jefe Rokucho le cuenta que él también había perdido a su hijo.

En ese preciso momento, la tortuga Ramona entra al rancho y los ve conversando. Se dio cuenta que era su hijo perdido y gritó:

– “¡ROCKET, HIJO MÍO, REGRESASTES! Te hemos buscado por todas partes pero nunca dimos contigo”, y empezó a llorar.

El jefe Rokucho quedo en shock; no podía creer que su pequeño retoño estuviese frente a él.

Se pusieron al tanto de todo lo sucedido; se perdonaron sus fallas, y vivieron felices para siempre.

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