Sueños y aventuras de Manti

Por: Alexander López y Bertis Hurtado. 2017

Curso de Ecología Marina. Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad. Universidad de Panamá.

Hace mucho tiempo, en un extenso pastizal que estaba al lado de la playa cerca del mar vivía un grupo de vacas, de las cuales había una muy especial llamada Manti. Era especial porque tenía muchos sueños y anhelos de aventura. Ella se lo comentaba a sus compañeras y estas se burlaban; decían que era imposible lo que ella quería. El sueño de Manti era poder nadar libre como los peces en el mar. Muchas veces ella bajaba a la playa para mojar sus patas en el agua; en muchas ocasiones conversaba con algunos peces, y ellos le comentaban lo hermoso y grandioso que es el mar. Cada día era más su entusiasmo de saber más sobre este increíble lugar. Ella bajaba con más frecuencia a la playa para aprender mucho más de él.

Una noche muy tenebrosa, con relámpagos y mucha brisa, cayó una gran tormenta.  En la mañana siguiente cuando Manti bajó a la playa, vio todo lo que había hecho aquella tormenta. Cuando caminaba más hacia el mar, ella ve varado algo muy extraño y queda sorprendida cuando se percata que es una figura mitad humano y mitad pez.  Se trata de una sirena. Se acerca y se da cuenta que aún respira. Con su hocico la mueve hacia el agua, se recupera y esta mejora su aspecto.

Cuando logra estar consciente, la sirena le da las gracias por salvarla, y le dice que si tiene algún deseo o que puede hacer por ella al haberla salvado. Al escuchar esto, Manti vio la oportunidad que se le presentaba para cumplir su deseo de nadas en el mar. Ella le explica a la sirena su sueño y esta le dice que está bien, que era lo menos que podía hacer por haberla salvado. Y, en un pequeño soplo de salitre y ese rocío que se levanta cuando las olas chocan en las rocas que están en los riscos de aquella zona, y en unos instantes Manti empezó a cambiar la forma de su cuerpo. Las patas ahora son aletas, su color cambió, todo su aspecto. Ahora tenía la forma muy parecida a las de las sirenas.

Manti se encontraba muy feliz; en ese preciso momento empezó a nadar y a ver lo hermoso que es el mar; todo un paraíso. Dice que se la ha visto por las costas de América y las de África, y aún continúa su viaje. Ahora, a su especie, le llaman Manatí, que significa manada de Manti.

En busca de Woddy

Por: Michelle Chavarría, Yarelkis Pérez y Alfredo Rodríguez. 2017.

Curso de Ecología Marina. Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad. Universidad de Panamá.

Dentro de un arrecife de mar se encontraba un pequeño pepino de mar muy feliz y risueño porque con su familia y amigos estaba. Un día común, jugando con los demás animales de su arrecife, pasó un cardumen y se lo llevó.

Perdido en otro arrecife quedó; nadie lo aceptaba por su aspecto alargado y viscoso. Pasaron los días hasta que un gran cangrejo llegó y le habló. Empezaron a hablar de cómo había llegado a aquel lugar. Los demás sintieron tristeza y decidieron ayudar.

Hablaron con una manta raya que se pasaba de un lado a otro, y con vallas anunciaban la búsqueda de su nuevo amigo para que su familia pudiera encontrarlo.

Después de cinco días de larga búsqueda, todo un feliz final pudieron encontrar.

Las aventuras de la tortuga Rocket

Por: Adda Carolina Marín, Zamir Rubio y Kevin Montilla. 2017.

Curso de Ecología Marina. Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad. Universidad de Panamá.

Érase una vez, una tortuguita canal llamada Rocket; vivía solo en las costas de Panamá.  Sus únicos amigos eran una ardilla llamada Pipa y un viejo conejo al que le decían Tío Conejo.

Un día Rocket se puso triste porque recordó que la última vez que vio a sus padres. Decidió buscarlos. Para esta travesía le contó a Pipa y a tío Conejo para que lo acompañaran a encontrar a su familia. Tío Conejo le dijo que no iría porque estaba viejo y cansado, pero les advirtió que tuvieran mucho cuidado al ir por el bosque ya que estaba lleno de peligros.

Rocket y Pipa se marcharon. En el camino iban haciendo desorden, cantando y contando cuentos. Como típicos panameños salieron tarde y la oscuridad de la noche los agarró. Pipa se sube a un árbol para tener un panorama del bosque, y a lo lejos ve una cueva. Se dirigen hacia allá, y pasan la noche allí.

A la mañana siguiente, se despiertan y cada quien buscó algo para desayunar. Partieron otra vez. Tras horas de camino, muy agotados y acalorados, escuchan música a los lejos, y Rocket le dice a Pipa,

– “¿Vamos?”

– “No sé, dime tú”, dice Pipa.

– “Deberíamos ir, así nos tomamos un descanso y nos relajamos”, responde Rocket.

Pipa asiente, y se dirigen hacia el lugar de donde proviene la música.

Detrás de unas palmeras está la gran fiesta de Tommy, la guacamaya. Estaban varios animales de la costa como John, el cangrejo; Anaïs, la gaviota, y Peter, la anguila, entre otros. Tommy los invitó a pasar. Había algunos elementos y sustancias ilícitas que ellos desconocían. Peter y John les ofrecieron algo de beber, y en vista que estaban algo cansados y sedientos, aceptaron.

Luego de unos minutos empezaron a sentirse algo extraños. A Pipa esta bebida no le hizo daño alguno ya que no bebió mucho, pero Rocket tuvo algunos delirios. En las alucinaciones, Rocket vio a su familia a lo lejos y caminó hacia ellos. Pipa se dio cuenta que su amigo no estaba bien, y vio cómo se estaba acercando a un acantilado, y corrió a rescatarlo. Media hora después, deciden irse de la fiesta.

Caminaron por días, atravesando obstáculos, severas dificultades y cambios climáticos. Rocket empezaba a sentirse algo decepcionado. Temía que su travesía fuera uno de los tantos intentos fallidos en la búsqueda de su familia. Tomaron un leve descanso en un estanque.

Pipa ve a una tortuga canal del otro lado de la laguna; se veía algo despistada. Pipa le hace señas a Rocket de lo que está viendo, y éste se asombra ya que tenía las mismas características que él. Se acercan y Rocket le dice:

– ¡Hola!, soy Rocket y él es mi amigo Pipa. ¿Te pasa algo? Estás algo desesperado.

– ¡Hola!, me asustaron. Soy Franklim. Estoy perdido y no encuentro mi aldea, dijo la tortuga.

– ¿De dónde vienes?, preguntó Pipa.

– Estaba buscando mi pelota la cual perdí jugando, pero sufro de amnesia y no sé cómo regresar a casa, respondió Franklim.

– No te preocupes; te ayudaremos a encontrar tu hogar, dijo Rocket.

Comenzaron a caminar buscando la aldea. Fueron casi dos horas, hasta que a Franklim le vino un flechazo y recordó cuál era el camino.

Al llegar, las pocas tortugas que se encontraban en cautiverio saludan a Franklim, y de entre medio de unos arbustos apareció el gran jefe de la aldea, Rokucho.

– ¿Quiénes son esos forasteros Franklim?, pregunta el jefe.

– Ellos me encontraron en el estanque cuando estaba perdido, porque perdí la memoria. Me ayudaron a encontrar la aldea, jefe. Dijo el pequeño.

– Ok, gracias chicos. Pueden pasar a cenar. Adela, acomódale una esquina a estos niños; pasarán la noche aquí; ya es muy tarde para que estén solos en la oscuridad del bosque, responde el jefe Rokucho.

Mientras tanto, Rocket queda anonadado al ver que el jefe tiene la misma forma de una mancha amarillenta que él también posee, del lado derecho del caparazón.

Rocket le cuenta al jefe su historia de que había perdido a sus padres hacía muchos años, a lo que el jefe Rokucho le cuenta que él también había perdido a su hijo.

En ese preciso momento, la tortuga Ramona entra al rancho y los ve conversando. Se dio cuenta que era su hijo perdido y gritó:

– “¡ROCKET, HIJO MÍO, REGRESASTES! Te hemos buscado por todas partes pero nunca dimos contigo”, y empezó a llorar.

El jefe Rokucho quedo en shock; no podía creer que su pequeño retoño estuviese frente a él.

Se pusieron al tanto de todo lo sucedido; se perdonaron sus fallas, y vivieron felices para siempre.