La mona encantadora

Por: Amy González. 2019.

Ficha y cuento ecológico de una especie en peligro de extinción (asignación). Introducción a la Ecología. Escuela de Registros Médicos y Estadísticas de Salud. Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y Tecnología.

Contaba mi abuelo que había escuchado que, en cierto lugar de las montañas en Veraguas, se aparecía en las noches de luna llena una mona que se tiraba encima de los jinetes al pasar por un estrecho en la montaña. Se dedicaba a arañarlos y atormentarlos en todo el camino hasta la entrada del pueblo.

Al escuchar tantas veces lo ocurrido a los jinetes que se atrevían a pasar por allí, mi abuelo decidió investigar sobre ese asunto con un curandero, el cual le informó que se trataba de una aprendiz de bruja que se ganaba así la gracia de su mentora para pasar a ser bruja legitima.

Le informa este curandero que si quería rendir a esa criatura que atemorizaba a todo el poblado debería conseguirse un puñal de cruz forjado en plata y rezarle una oración especial para ella.

Se llegó el día que mi abuelo se enfrentaría a la criatura. Esperó pasar la media noche y se encaminó por la montaña en dirección al sendero del estrecho. En la montaña, cuando al pasar precisamente por ese estrecho, se le tiró una mona aullando espantosamente. Al escucharla, el caballo se asustó y comenzó a correr desbocado. Al verse mi abuelo en peligro de caída, y siendo arañado por la mona enfurecida, optó por sacar una correa larga de cuero de su bolsa y amarrarse con la mona antes que llegaran a la entrada del pueblo. Era allí donde acostumbraba dejar a sus víctimas.

Luego de llegar al pueblo, la mona al verse amarrada guardó silencio hasta que llegaron a la plaza mayor del pueblo. Allí se bajó mi abuelo, junto con la mona agarrada, y antes de eso la mona le habló y manifestó que no le hiciera daño y que la soltara. Mi abuelo le respondió que primero le daría una cuera y la dejaría amarrada hasta el amanecer.

Dicho esto, transcurrió el tiempo y amaneció, cuando los pobladores comenzaron a llegar a la plaza se encontraron con una mujer muy bella y desnuda flagelada por los azotes propinados por el abuelo para así darle una lección y enseñarle que no debe burlarse ni hacerle maldad a los pobladores que allí habitaban.

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